La llegada del director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a República Democrática del Congo ocurre en uno de los momentos más críticos del brote de ébola que enfrenta el país. Tedros Adhanom Ghebreyesus inició una visita oficial para reunirse con autoridades nacionales y evaluar las acciones de respuesta, mientras las cifras de contagios y fallecimientos continúan en aumento. De acuerdo con el Ministerio de Salud, el brote suma 3 mil 874 casos confirmados y mil 751 muertes. La situación también se complica por la huelga de parte del personal sanitario, que reclama pagos pendientes y mejores condiciones laborales, lo que limita la atención médica en las zonas más afectadas.
El foco principal de la emergencia permanece en la provincia de Ituri, donde el acceso a los servicios de salud ya enfrentaba obstáculos por la presencia de grupos armados y las dificultades para llegar a comunidades remotas. Además, organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras advirtieron que la propagación del virus mantiene un ritmo sin precedentes y que las medidas implementadas todavía no alcanzan la velocidad necesaria para cortar las cadenas de transmisión. A esta situación se suma el debilitamiento del rastreo de contactos, ya que entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos contagios corresponde a personas que no estaban bajo vigilancia epidemiológica, un indicador que refleja la dificultad para contener el avance de la enfermedad.
En este contexto, el brote de ébola representa un desafío sanitario de gran magnitud porque el virus Bundibugyo, responsable de la actual emergencia, aún no cuenta con una vacuna ni con un tratamiento aprobado. Las autoridades sanitarias informaron que la detección tardía de los pacientes ha contribuido a mantener una tasa de mortalidad cercana al 45 por ciento. Solo en las últimas 24 horas se registraron 77 nuevos casos y 44 fallecimientos, mientras 717 personas permanecen en aislamiento y 749 han logrado recuperarse. La visita de la OMS busca fortalecer la coordinación internacional y acelerar la respuesta, ya que contener el brote no solo resulta clave para proteger a la población congoleña, sino también para reducir el riesgo de expansión hacia los países vecinos y evitar una crisis sanitaria aún mayor.
