El costo de vida en México se convirtió en una presión cotidiana para millones de hogares, aunque los indicadores oficiales muestren una inflación más controlada. En junio de 2026, el INEGI reportó una inflación anual de 3.37%, una cifra menor a la de meses anteriores. Sin embargo, esa baja no borra el aumento acumulado de alimentos, servicios, transporte, rentas y vivienda. La tensión se siente en las familias trabajadoras, en jóvenes que intentan independizarse y en quienes viven con ingresos informales. El problema no aparece solo en el supermercado. También se nota cuando pagar renta, moverse por la ciudad o sostener una casa consume cada vez más ingreso.
EL SALARIO AVANZA, PERO LA BRECHA SIGUE
Los ingresos laborales han mejorado, pero no todos avanzan al mismo ritmo ni con la misma seguridad. En el primer trimestre de 2026, el INEGI registró una reducción de la pobreza laboral, de 33.9% a 30.7% anual. También reportó un ingreso laboral promedio de 8 mil 110.67 pesos mensuales. Aun así, la diferencia entre empleo formal e informal sigue pesando: quienes trabajan en la informalidad ganaron, en promedio, 5 mil 751.41 pesos al mes. Ahí se entiende por qué muchas personas sienten que el dinero no alcanza. No basta con que el promedio suba si una parte importante de la población vive al límite de cada quincena.
VIVIENDA, EL GOLPE MÁS DURO
El costo de vida se vuelve más agresivo cuando entra la vivienda. La Sociedad Hipotecaria Federal informó que el precio de la vivienda con crédito hipotecario aumentó 8.7% anual durante el primer trimestre de 2026. Mientras tanto, ONU-Habitat considera asequible una vivienda cuando el hogar destina menos de 30% de su ingreso a ese gasto. Bajo esa regla, muchas familias quedan fuera del mercado formal o terminan aceptando rentas que reducen su margen para comer, ahorrar o atender emergencias. La OCDE ya había advertido que los hogares de bajos ingresos en México enfrentan una carga alta por vivienda, además de un mercado de alquiler pequeño y poco accesible.
FRENAR LA CRISIS REQUIERE ALGO MÁS QUE DISCURSO
El encarecimiento no se corrige pidiendo paciencia ni celebrando cifras aisladas. México necesita más vivienda social bien ubicada, renta asequible, transporte eficiente y reglas contra la especulación del suelo. El Programa Nacional de Vivienda 2026-2030 plantea ampliar el acceso a vivienda adecuada y promover financiamiento para jóvenes, mujeres y grupos vulnerables. Esa ruta puede ayudar, pero solo si se combina con salarios suficientes, empleo formal y coordinación real entre municipios, estados y federación. El riesgo de no actuar es claro: vivir solo, formar una familia o comprar una casa puede volverse un privilegio. Cuando eso ocurre, la economía deja de hablar de progreso y empieza a hablar de exclusión.
