La canallada contra María Amparo Casar

Tuve el gusto, el honor y el placer de conocer a María Amparo Casar hace más de 35 años, venía acompañada de un hombre inteligente, dulce en sus formas, con sentido del humor y con la sabiduría de saber que la vida es lo que es y no vencerse, arredrarse o sacarle al parche como se dice.

La imagen de María Amparo, contrasta con ella misma. Breve, chaparrita, delgada, fina de contornos, con una sonrisa envidiable y con las manos más laboriosas que he conocido. Es, al mismo tiempo, de una inteligencia contundente, de carácter firme, de una agudeza en sus reflexiones y de una calidad y honestidad personal, intelectual y como funcionaria publica (cuando ha tenido que serlo) intachables; son de las que uno puede poner las manos al fuego a lo largo de todos estos años. No es fácil encontrar, en maceta, algo así.

Un detalle que hace llamar la atención de su desarrollo profesional es que siempre está un paso adelante de la reflexión intelectual y académica. Mientras todo el mundo, hace 35 años, estaba montado en la literatura y la reflexión de la transición democrática, María estaba observando el congreso mexicano y los patrones de votación en asuntos concretos, por partido, por gobierno y tema. Una lectura, entonces indispensable, pues mostraba como un actor fundamental de la vida pública mexicana (el congreso) se comportaba en relación con el gobierno; con las circunstancias y podía concluir que la idea de que eran, aquellos legisladores, sólo unos obsecuentes, era equivocada. La clase política tenía vida y a veces no era sólo obediente sino muchas cosas más.

Mi respeto y mi admiración por ella, son el ejemplo de lo que algunos mexicanos podemos generar en otros. Mientras antes de la llegada de AMLO al poder, ella tomó la decisión de dedicarse denodadamente a vigilar al gobierno, ahora al ejecutivo, cuando llegó AMLO a la presidencia lo reafirmó y lo ha llevado hasta la publicación de su último libro: los puntos sobre las íes.

Con la salida de su libro presentado por Jesús Silva Herzog Márquez y Héctor Aguilar Camín en febrero, se produjo un evento singular: le suspendieron la pensión a la que PEMEX estaba obligado, derivado de la muerte de su esposo en 2004, en las instalaciones dónde él era funcionario.

A la tragedia de la muerte entonces, de su marido, se suma la tropelía de suspender un derecho consagrado en la constitución y en varias leyes secundarias, incluidas las que rigen las relaciones laborales de PEMEX y sus acuerdos sindicales.

El viernes pasado, el presidente de México le dedicó una buena dosis de minutos al tema. Se dedicó a acusarla de corrupta, de cínica, de cretina (sic) y lo que usted quiera. La acuso de ser parte de la mafia del poder comandado por Claudio X González y de tener la cara dura de haber negociado con el procurador de la Ciudad de entonces, el cambio de las conclusiones de la procuraduría, para tener derecho a la pensión y, no sólo eso, el director de PEMEX anunció que tomará acciones legales para que restituya los más de 30 millones de pesos en pensiones otorgadas indebidamente, durante 20 años. El asunto es vergonzoso, el presidente de la 12 economía del mundo anda persiguiendo a una viuda, para que le regrese las pensiones a las que ha tenido derecho, de una empresa del estado mexicano. El asunto sólo puede mover a risa histérica o a una profunda preocupación, entre otras cosas porque la oficina de la presidencia publicó los datos personales de ella y sus hijos. Una venganza y agresión a todas luces.

Si el presidente, como ha hecho patente durante estos 5 años, nos obliga a escoger entre él o los otros, prefiero a María Amparo Casar. Más de la mitad de los mexicanos seriamos incapaces de articular una canallada como esta, producida por un libro y una actividad honesta, seria y responsable. Se verá en las urnas el 2 de junio. Nada más, pero nada menos, también.