El progresismo del cangrejo

Durante los periodos electorales se disputan no sólo puestos, sino también discursos, conceptos. Uno de ellos es “progresismo”. Dicen los morenistas, o eso leí en X, que nadie progresista podría votar por otro partido que no sea el de ellos. Es decir, o estás conmigo, o no eres progresista. Aquí no voy a defender votar por la oposición, pero sí quiero poner en tela de juicio la idea de que Morena es el partido que mejor representa el progresismo. Para empezar, claro, habría que establecer qué vamos a entender por «progreso», porque por eso lucha el progresista. Creo que lo más sencillo, y para no meternos en líos, es hacer a un lado la idea de progreso como avance civilizatorio y mejor centrarnos en la idea de movimiento hacia adelante, progresión hacia un punto. Esto es útil porque nos ayuda a medir dónde estamos parados con respecto al lugar al que queremos llegar. Supongo que los mexicanos en general queremos un gobierno que garantice de la mejor manera posible nuestros derechos, y que los amplíe, bajo el supuesto de que tener más derechos es mejor que tener menos. Si esto es así, avanzar hacia tal garantía sería progresar, y quien defendiera los métodos adecuados para lograr dicho movimiento hacia adelante sería progresista.

Déjenme fijar algunos puntos de referencia derivados de la idea anterior, para que, a partir de ellos, veamos si morena es progresista:

  1. En una democracia nadie debería estar en la cárcel sin juicio justo o sin justificación de riesgo de fuga o daño a evidencias o testigos mientras se le juzga, por ejemplo. La prisión preventiva oficiosa camina en dirección contraria: en el primer punto Morena no es progresista.
  2. La seguridad pública debería estar en manos de autoridades civiles que respeten derechos humanos y, entre otras cosas, sepan tomar las perspectivas adecuadas para investigar delitos y tratar a víctimas. La militarización camina en dirección contraria: en el segundo punto Morena no es progresista.
  3. El derecho a un medioambiente sano. En un mundo contaminado y sin agua vivir a la altura de nuestras capacidades se vuelve más complicado. La política energética basada en combustibles fósiles, construir una refinería, quemar combustóleo para generar electricidad y, como consecuencia, contaminar el aire de Monterrey y Ciudad de México, el profundo descuido de la infraestructura hídrica de muchas zonas del país, la falta de manifestaciones de impacto ambiental en las grandes obras, tampoco es progresista. El medioambiente de nuestro país no está mejor hoy que antes.
  4. Pocas cosas emparejan la cancha como garantizar el acceso a sistemas de salud y de educación de calidad. Las transferencias directas de recursos no mejoran el acceso a ninguno de los dos sistemas, menos si el nuevo padrón de beneficiarios excluye a los más pobres. Ganas votos a costa del futuro tampoco es progresista.

Y podríamos seguir: hacerse pato con el derecho de las mujeres al aborto teniendo mayorías que podrían aprobarlo en lo local; luchar contra la transparencia en el uso de recursos públicos clasificando obras como seguridad nacional; negar la democracia deliberativa usando la aplanadora en las cámaras y mintiendo tampoco es progresista. Quizá los otros partidos no son progresistas, pero tampoco Morena que mira para un lado y camina para el otro.