«China ha tenido un ascenso vertiginoso, mientras Estados Unidos está en declive»

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Las mutaciones en la hegemonía, militarismo y uso de las sanciones económicas en un orden mundial en transición, sumadas a las contradicciones e interdependencias entre grandes potencias como China y Estados Unidos, centran la agenda del XIV Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, con sede en Cuba.

Tras una década de pausa, el evento, promovido en 1999 por el líder de la Revolución cubana Fidel Castro, reúne en el Palacio de Convenciones de La Habana a investigadores y académicos de las más variadas tendencias del pensamiento en el orbe, convocados por la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba y la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe.

Para el estudioso Salvador Ferrer Ramírez, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de México, quien interviene en esta cita prevista del 14 al 17 de noviembre, el planeta atestigua hoy una lucha entre Washington y Pekín manifestada, por el momento, en una disputa económica, política y diplomática.

El investigador mexicano refirió que EEUU ha promovido una situación internacional inestable y compleja, con un incremento perceptible de la desigualdad, la pobreza y la explotación de la fuerza de trabajo. Mientras tanto, el gigante asiático, en cinco o seis décadas, ha generado otro proyecto asociado a la producción, enseñanza, tecnología y cooperación.

Ferrer recordó que, a comienzos del siglo XX, China era un país atrasado y agrícola, y actualmente es la segunda potencia, erradicó la pobreza extrema —10 años antes del tiempo propuesto por la Organización de Naciones Unidas (ONU)—, concibió un aparato tecnológico con vitalidad en las próximas tres o cuatro décadas y desarrolló una política industrial.

Ascenso económico

Según la doctora en ciencia económicas Elaine Valton Legrá, en el contexto actual predomina una crisis multisectorial del sistema capitalista, revolución tecnológica y conflictos entre potencias, mientras se percibe a China como un país en constante ascenso económico.

«Esa nación ha mostrado, gracias a sus políticas de ciencia, tecnología e innovación, adelantos claves dentro de la denominada cuarta revolución industrial, sobre todo en campos como la inteligencia artificial, robótica, internet de las cosas y motores de aeronave. Todo ello representa para Estados Unidos una amenaza a su hegemonía global», expresó la también investigadora del Instituto de Relaciones Internacionales de La Habana.

Con el propósito de frenar el ímpetu del gigante asiático, la Casa Blanca le impuso sanciones económicas y restricciones, en una maniobra coordinada con su apoyo a Taiwán, considerada por la mayoría de los países del orbe como una provincia de China.

El gigante asiático constituye «una alternativa para los territorios del reconocido como sur global porque Pekín tiene un destino y principio compartido: la defensa al multilateralismo y el desarrollo sostenible próspero e inclusivo» y, a su vez, posee una postura robusta en el área Asia-Pacífico, apunta la analista.

En medio de ese enfrentamiento, la tecnología simboliza «un instrumento de poder y proyección internacional y reforzamiento de la posición económica y social», y la iniciativa china de la Franja y la Ruta representa una amenaza para los intereses geopolíticos estadounidenses y su supremacía estratégica en esa región.

Por tanto, «el dominio tecnológico se convierte en un factor vital para la hegemonía mundial en las próximas décadas. China es el mayor exportador de productos manufacturados de alta tecnología desde 2004. A partir de 1970, con la aplicación de reformas en los procesos de la información y comunicaciones, la nación es considerada protagonista del sistema internacional», expresó Valton.

El incremento del gasto en investigación, generación de nuevos conocimientos, liberación de la dependencia tecnológica externa, utilización de las creaciones propias y dominio de la tecnología 5G colocan a Pekín como «la oposición al poderío económico estadounidense durante la próxima década».

¿Hegemonía oriental?

El investigador Faustino Covarrubias Gómez, doctor en ciencias económicas del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), refirió a Sputnik que actualmente vivimos un momento de transición geopolítica, en que la hegemonía pasó de Occidente a Oriente y, si bien no es la primera vez que acontece este fenómeno, sí presenta algunos aspectos novedosos.

Sin embargo, todas esas contradicciones y rivalidades «pesan sobre las espaldas de las naciones subdesarrolladas», de ahí la urgencia de un diálogo plural, pues «ya no se trata de un sistema u otro, está en peligro la supervivencia humana«.

Contradicción de intereses

El asesor del CIEM José Luis Rodríguez afirmó que China hoy es capaz de competir con EEUU, Japón y Europa Occidental, y a partir de su fuerza económica y habilidad en la diplomacia y negociaciones internacionales ha logrado «poner en ascuas» el crecimiento de la economía de los países capitalistas desarrollados.

Durante una conferencia magistral, el exministro de Finanzas y Precios cubano refirió que, en ese contexto, Washington libra una guerra económica, sobre todo desde 2018, y se gesta una contradicción de intereses entre la Casa Blanca y la dependencia de la Unión Europea al gigante asiático, igual que necesita de Rusia para la adquisición de combustible.

«Alemania, la principal potencia de Europa occidental, este año decrece y, entre otros factores, incide en ello la imposibilidad de comprarle gas a Moscú, por la imposición del bloqueo estadounidense, si bien, casualmente, ese país le vende el gas a Berlín a un precio tres veces superior al ruso», indicó el experto.

En este sentido, apuntó el también exministro de Economía y Planificación, cada vez se exacerban más las diferencias entre el sur global y el mundo desarrollado. «Cada vez crecen más aquellos que supuestamente están en situaciones más desventajosas, haciendo una competencia muy fuerte, en lo económico, a los países más avanzados».

Ante eso, reflexionó el académico, la respuesta de EEUU es la guerra y utiliza «la supuesta amenaza de agresiones contra Taiwán como una forma de presionar a los chinos».

Pekín «no se ha dejado provocar», pero debieron aumentar sus gastos militares a 225.000 millones de dólares en 2023, como forma de responder a los desafíos de seguridad, reconoció el gigante asiático.