Auster pasa más tiempo «mirando hacia el abismo» y no tiene miedo a morir

Paul Auster en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2017 e imágenes compartidas por su esposa, Siri Hustvedt. Fotos: tomadas de la cuenta oficial de Instagram de Siri Hustvedt

El escritor Paul Auster se encuentra sin cruzar la frontera de la enfermedad para poder salir de Cancerlandia, informó su esposa, la también novelista Siri Hustvedt, en un nuevo reporte médico. Sin embargo, anunció que el autor terminó una novela durante este periodo de tratamiento y que en noviembre verá la luz un “librito tierno y milagroso” titulado Baumgartner.

En un extenso texto que publicó en su perfil de Instagram, la poeta y ensayista agregó una actualización sobre el testimonio público que comenzó a describir desde el diagnóstico en diciembre pasado y su experiencia en medio de enfermeras, gráficas y la vivencia al lado de otros pacientes. Largos periodos de silencio separan los mensajes que publicó respecto al cáncer que padece Auster, pues el camino ha sido confuso y traicionero al lidiar con la enfermedad y el proceso médico en el hospital especializado en oncología Sloan Kettering, en Nueva York.

Quien escribió El país de las últimas cosas “ha sobrellevado una serie de síntomas miserables tanto del cáncer como del tratamiento con una dignidad que me asombra. Él ha dicho que mientras avanza en esta prueba, ha pasado cada vez más tiempo ‘mirando hacia el abismo’ y me ha dicho que no tiene miedo a morir. Yo sí tengo miedo de morir, así que escuchar esto me vuelve humilde”.

Hustvedt (Minesota, 1955) compartió el 11 de marzo la noticia sobre el cáncer del autor de La trilogía de Nueva York y afirmó: “He estado viviendo en un lugar llamado Cancerlandia”. Un mes después, el 11 de abril, dio a conocer algunos datos sobre la aplicación de quimio e inmunoterapia, junto con una fotografía de Auster, con quien está casada desde 1982.

La imagen que tomó su yerno Spencer Ostrander mostró al novelista estadunidense de 76 años bañado por la intensa luz del sol en la terraza de su casa, con una gorra sobre su cabeza casi calva. Reivindicó: “Ninguna persona puede reducirse al nombre de su enfermedad, ya sea autismo, epilepsia o cáncer. Tampoco ninguna enfermedad puede separarse de la persona que la padece. Es parte de una historia de vida y la vida siempre está cambiando”.

Apenas en mayo comenzó a circular en español Un país bañado en sangre (Seix Barral), el libro más reciente de Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). La violencia en Estados Unidos, donde cada año mueren asesinados con armas de fuego más de 40 mil personas, es el tema principal del intelectual afincado en Nueva York, quien encabeza un grupo crítico a Donald Trump desde que todavía ocupaba la Casa Blanca, además de defender la libertad de expresión.

“Un limbo de citas”

En el mensaje reciente de Hustvedt en la red social, donde también publicó dos imágenes de la pareja en años de mayor juventud, consideró que “puede ser tentador considerar Cancerlandia como un país aburrido, triste y peligroso donde nadie vive realmente, sino que sólo espera; un limbo de citas, pruebas, medicamentos, exploraciones e infusiones intravenosas que hay que soportar hasta que el paciente es enviado al cielo de la vida o al infierno de la muerte”.

Enseguida recapituló para decir que esta visión es un error porque, como alguien que comparte este trayecto de padecimiento les dijo hace poco: “Estoy viviendo mi vida”. Este interludio “no es vida suspendida, sino vida misma”, para expresar que quizá nunca haya vivido tanto el presente como ahora junto a Paul. “El diálogo entre nosotros continúa, las bromas vuelan y la buena comida se consume, y él está aquí conmigo. Ahora está vivo, aprovechamos el día tal como es, con sus limitaciones”.

La filósofa y feminista estadunidense alabó que su pareja ha sido un ejemplo de gracia, pues bajo la presión se ha comportado leal y sin quejas, con el humor intacto, “ha hecho que este tiempo de enfermedad, el cual ya ha durado casi un año, sea hermoso y no feo”.

Narró que el mes pasado, mientras esperaban para una cita, una joven se les acercó porque lo reconoció y le mencionó que su esposa era una gran lectora de su obra, y que ella misma también lo había comenzado a leer. Entonces, les dijo que ella estaba en nivel cuatro (el más avanzado del cáncer) y con una sonrisa contó que acababa de regresar de Italia, “estoy viviendo mi vida”. Cuando Paul regresó a su asiento junto con su esposa, él había comenzado a llorar.

“Juntos hemos atestiguado diferentes respuestas de la gente que conocemos a las posibilidades de enfermedades fatales: rebelión, arrepentimiento y pánico. Sospecho que es imposible saber cómo reaccionará cada uno. Ciertamente no puedo predecir mi propia respuesta, y tampoco culpar a nadie por la suya. Y, sin embargo, he atestiguado un prodigio y estoy agradecida. También él me ha dicho que no desea ocultar su cáncer y se me permitió contar mi experiencia al respecto”, describe en un diario, donde se siente acompañada por los numerosos lectores y amigos que se mantienen atentos, enviando solidaridad y buenos augurios, la bondad ha sido importante.