Tres fragmentos de aguijones de raya y una espina de bagre recuperados cerca de Tenosique, Tabasco, podrían aportar nueva evidencia sobre el autosacrificio maya. Los objetos aparecieron en contextos funerarios durante el salvamento arqueológico del Tramo 1 del Tren Maya, entre Palenque y Escárcega. El INAH informó este 7 de septiembre que los materiales fueron encontrados originalmente en junio de 2021 y ahora permanecen bajo análisis especializado. La investigación está encabezada por la zooarqueóloga Marisol Arce Acosta, con participación del arqueólogo Said Amiel Luna Limón. La importancia del hallazgo radica en que objetos similares aparecen en representaciones, entierros y depósitos rituales de distintas regiones mayas.
SANGRAR EL CUERPO ERA UNA FORMA DE COMUNICARSE CON LO SAGRADO
Para los antiguos mayas, derramar la propia sangre podía formar parte de ceremonias dirigidas a dioses y antepasados. Las imágenes del periodo Clásico muestran gobernantes perforándose diferentes partes del cuerpo. También aparecen mujeres de élite pasando cuerdas espinosas por la lengua. Los instrumentos incluyeron agujas de hueso, hojas de obsidiana, pedernal y aguijones de raya. La evidencia iconográfica, epigráfica y arqueológica confirma que estas prácticas no fueron episodios aislados. Se extendieron desde el Preclásico Tardío hasta épocas posteriores. Estudios académicos vinculan el sangrado ritual con peticiones de lluvia, buenas cosechas, éxito militar y contacto con entidades sobrenaturales. Por ello, la sangre tenía un sentido religioso y político.
LOS NUEVOS OBJETOS TODAVÍA GUARDAN PREGUNTAS
El autosacrificio maya ofrece una explicación posible para los materiales encontrados en Tabasco, pero los arqueólogos todavía no pueden afirmarlo en todos los casos. Uno de los aguijones, de aproximadamente tres centímetros, apareció asociado con un entierro y presenta desgaste producido por los sedimentos. Los investigadores tampoco descartan que haya funcionado como ofrenda funeraria. Otros dos fragmentos de raya muestran fracturas, estrías y sedimentos adheridos. La espina de bagre apareció junto con los restos de un hombre adulto. Su presencia resulta especialmente interesante porque este tipo de pieza es menos común dentro del registro asociado con sangrías rituales. El contexto funerario será fundamental para determinar su función.
UNA ESPINA DE BAGRE CAMBIA LA PREGUNTA ARQUEOLÓGICA
Los especialistas identificaron los aguijones dentro de las familias Dasyatidae y Myliobatidae, correspondientes a rayas de ambientes marinos. La espina del bagre pertenece a Ictaluridae y procede de un pez de agua dulce. Esta diferencia permite explorar cómo las comunidades mayas aprovecharon distintos ecosistemas para obtener alimentos y materiales rituales. La ubicación cercana al río Usumacinta vuelve especialmente relevante la presencia del bagre. En cambio, los aguijones marinos implican el traslado de recursos desde otros ambientes o su circulación mediante redes de intercambio. La arqueología puede utilizar estos pequeños objetos para reconstruir conexiones entre paisaje, comercio y religión. No eran únicamente herramientas: su procedencia también podía participar en el significado de aquello que se depositaba junto a los muertos.
LOS AGUIJONES DE RAYA PODÍAN SER EXTREMADAMENTE PELIGROSOS
Existe además una discusión arqueológica sobre cómo se utilizaban realmente los aguijones. Haines, Willink y Maxwell advirtieron que una espina de raya intacta podía provocar daños graves por sus toxinas, incluida necrosis del tejido. Esto cuestiona la idea de que todos estos objetos se clavaban directamente mientras conservaban sus componentes venenosos. Los investigadores han planteado que algunas espinas pudieron limpiarse y prepararse antes del ritual. Otras pudieron funcionar como símbolos del acto de sangrado sin utilizarse sobre el cuerpo. Esta distinción resulta esencial para interpretar los nuevos hallazgos. Encontrar una espina dentro de un entierro no demuestra automáticamente que perforó a una persona. Contexto, modificaciones y huellas de uso deben estudiarse antes de asignarle una función definitiva.
UN OBJETO PEQUEÑO PUEDE REVELAR UNA COSMOLOGÍA ENTERA
El verdadero valor de estos hallazgos está en lo que permiten preguntar. Los aguijones relacionan cuerpo, dolor, animales, agua, muerte y comunicación con lo sobrenatural. Además, muestran por qué la zooarqueología no se limita a identificar qué especies comían las sociedades antiguas. Los animales también proporcionaron materiales para fabricar objetos cargados de significado religioso. La investigación del Tramo 1 sigue abierta y deberá determinar con mayor precisión la cronología y función de cada pieza. Sin embargo, su presencia en entierros ya ofrece una ventana hacia prácticas conocidas en diferentes regiones mayas. Frente a la espectacularidad de templos y pirámides, cuatro pequeñas espinas recuerdan que una parte fundamental de la religión mesoamericana también se desarrollaba sobre el propio cuerpo.
