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EUROPA AMENAZA CON DEJAR EL MUNDIAL POR PLAN DE LA FIFA

Europa y FIFA chocan por un plan que podría cambiar el Mundial y dejar fuera a las selecciones europeas

Allan Cortés3 min de lectura
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EUROPA AMENAZA CON DEJAR EL MUNDIAL POR PLAN DE LA FIFA

El fútbol mundial podría enfrentar la mayor fractura institucional de su historia.

La UEFA y sus 55 federaciones nacionales acordaron por unanimidad que las selecciones europeas no participarán en los Mundiales organizados por la FIFA si prospera la propuesta impulsada por Gianni Infantino para abrir la Copa del Mundo a la inversión privada. Aunque la medida aún depende de que el proyecto avance, el mensaje es contundente: Europa está dispuesta a desafiar el poder del máximo organismo del fútbol.

La posibilidad de un Mundial sin campeones como Alemania, Francia, España, Italia o Inglaterra parecía, hasta hace poco, un escenario imposible. Sin embargo, la tensión entre la UEFA y la FIFA ha dejado de ser una simple disputa administrativa para convertirse en una batalla por el control del negocio deportivo más rentable del planeta.

Desde hace varios años, la FIFA ha buscado transformar sus competencias en productos con mayor alcance comercial. La expansión del Mundial de Clubes, el aumento del número de selecciones participantes y la exploración de nuevos modelos de financiamiento reflejan una estrategia orientada a incrementar los ingresos. Ahora, la posibilidad de permitir la entrada de capital privado en la Copa del Mundo representa un paso todavía más ambicioso.

El argumento económico es claro: más inversión podría traducirse en mayores recursos, infraestructura y crecimiento global del fútbol. Sin embargo, detrás de esa promesa surge una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede convertirse el deporte en un negocio antes de perder su esencia?

La postura de la UEFA responde precisamente a esa preocupación. Para el organismo europeo, abrir la puerta a inversionistas privados podría significar que decisiones históricamente deportivas comiencen a responder a intereses financieros. La Copa del Mundo dejaría de ser únicamente un torneo entre naciones para convertirse en un activo comercial sujeto a la lógica del mercado.

No se trata únicamente de dinero. También está en juego el modelo de gobernanza del fútbol internacional. La UEFA considera que la FIFA concentra cada vez más poder y toma decisiones sin un consenso suficiente con las confederaciones continentales. La amenaza de un boicot es, en ese sentido, una demostración de fuerza política.

Si Europa cumple su advertencia, las consecuencias serían enormes. Basta observar la historia del torneo para entenderlo. Más de la mitad de los campeones del mundo pertenecen al continente europeo y gran parte de las principales figuras del fútbol actual militan en sus selecciones. Un Mundial sin ellas perdería competitividad, audiencia, patrocinadores y buena parte de su atractivo comercial.

Paradójicamente, el intento de hacer más rentable la Copa del Mundo podría terminar debilitando el producto que la FIFA pretende fortalecer. Los patrocinadores pagan cifras multimillonarias porque el Mundial reúne a los mejores equipos del planeta. Sin Europa, ese valor disminuiría de forma considerable.

También existe un riesgo institucional. Si la confrontación escala, el fútbol internacional podría entrar en una etapa de división similar a la que otros deportes han vivido con ligas paralelas o circuitos enfrentados. Aunque ese escenario todavía parece lejano, la sola posibilidad evidencia que el equilibrio entre negocio y deporte atraviesa uno de sus momentos más delicados.

La FIFA sostiene que debe modernizar sus competencias para responder a un mercado global cada vez más competitivo. La UEFA, por su parte, insiste en que existen límites que no deberían cruzarse. Entre ambas posturas queda una realidad evidente: el fútbol ya no solo se disputa en la cancha. También se juega en las mesas de negociación, donde el poder económico amenaza con redefinir el futuro del deporte más popular del mundo.

Si esta confrontación no encuentra un punto de acuerdo, el verdadero perdedor podría ser el aficionado, quien siempre ha visto al Mundial como una celebración universal y no como el escenario de una guerra empresarial entre las dos organizaciones más poderosas del fútbol.