La recuperación del náhuatl se convierte en una forma de resistencia y memoria familiar en Leche de silencio, el nuevo libro de la escritora mexicana Socorro Venegas. Publicado por Páginas de Espuma, el volumen reconstruye la historia de cuatro generaciones de mujeres y, especialmente, la vida de Elia, madre de la autora, quien desde los siete años dejó a su familia y comenzó una nueva vida en Ciudad de México. Como mujer e integrante de una comunidad indígena, Elia enfrentó distintas formas de discriminación y decidió ocultar que hablaba náhuatl para evitar una razón más de exclusión. Sin embargo, años después, la recuperación de esa lengua le permite reencontrarse con una parte de su identidad y expresar emociones que durante mucho tiempo permanecieron silenciadas.
Venegas reconstruye esta historia a partir de recuerdos, entrevistas y conversaciones con personas vinculadas con el pasado familiar. El relato también incorpora las experiencias de la abuela y la tía de la autora, quienes enfrentaron distintas formas de segregación relacionadas con su condición de mujeres, su origen y sus características físicas. A través de ellas, la escritora muestra que la discriminación no se presenta de una sola manera ni afecta a todas las personas por igual. En el caso de Elia, ocultar su lengua materna se convirtió en una estrategia para intentar integrarse a un entorno que podía excluirla por hablar náhuatl. La decisión, sin embargo, también tuvo consecuencias personales al limitar durante años la posibilidad de comunicarse plenamente desde su propia identidad.
En Leche de silencio, la lengua náhuatl adquiere un significado que va más allá de la comunicación cotidiana. Para Elia, recuperar las palabras de su infancia representa también recuperar recuerdos, afectos y una manera de interpretar el mundo que había permanecido relegada. Venegas muestra cómo el desprecio hacia una lengua puede provocar aislamiento y romper vínculos familiares y comunitarios; pero también plantea el proceso contrario: cuando una persona vuelve a utilizarla, puede recuperar conocimientos, formas de relacionarse y una parte de su historia. Así, el libro conecta una experiencia familiar con una problemática social más amplia: la discriminación lingüística puede llevar a que las personas oculten aquello que forma parte de su identidad para evitar el rechazo.
Además de abordar la discriminación, la obra explora las distintas maneras en que las mujeres de esta familia aprendieron a resistir y expresar sus emociones. Gestos, silencios, tonos y formas de relacionarse aparecen como recursos para enfrentar un entorno que muchas veces les impidió hablar abiertamente de lo que sentían. En ese sentido, la resistencia no aparece únicamente como una confrontación directa, sino también como una serie de pequeñas acciones con las que estas mujeres conservan vínculos y reconstruyen su propia historia. Venegas combina estos elementos con las respuestas de personas entrevistadas, referencias a otros escritores y sus propias reflexiones, por lo que construye un relato que exige una lectura atenta y permite acercarse a la experiencia indígena desde la memoria familiar.
La historia de Elia coloca en el centro una pregunta que trasciende las páginas del libro: ¿qué ocurre cuando una persona siente que debe esconder una parte de sí misma para ser aceptada? Leche de silencio plantea que recuperar una lengua también puede significar recuperar una relación con el pasado y con la comunidad. La obra de Venegas adquiere relevancia precisamente porque convierte una historia familiar en una reflexión sobre discriminación, identidad y memoria. En un país donde conviven numerosas lenguas originarias, el relato recuerda que preservar una lengua no implica únicamente conservar palabras, sino también las experiencias, conocimientos y vínculos que esas palabras transmiten entre generaciones.
